
Una vez
Y por breve tiempo
Hace mucho tiempo
Tú y yo
Fuimos de pronto hasta muy adentro
Nosotros.
“Nosotros dos” podía yo decir
En las horas voraces que fueron nuestras.
Desde hace tiempo
Si hablo de ti
Sólo puedo emplear
La tercera persona: Ella.
El yo empobrecido se hunde
Entre las concordancias de la Nada.

(un mensaje fuera de programa, pero no de contexto, para Alicia Pastrana)
(“sin ínfulas en el palacio real”, como titula Proceso, 1725, el 22 de noviembre, apenas, su pieza que da cuenta de la entrega, la recepción, de un premio que, lo dicen ahí, bien pudiera ser la antesala del Premio Cervantes)
Luego de hablar de “las trágicas circunstancias por las que atraviesan México en particular y el mundo en general”, dice:
“Se ha dicho que lo ocurrido en los 20 años posteriores a la caída del Muro de Berlín se resume en un título de Dickens y otro de Balzac: Grandes Esperanzas y Las ilusiones perdidas-“
Y comenta:
“Nací a mediados de otro año horrible, 1939, y sin embargo, me libré de los desastres de la guerra. No sufrí los bombardeos, las batallas, las persecuciones, los campos de exterminio. Todo lo experimenté a distancia y no por ello dejó de imprimirse en cuanto he escrito. Ahora la violencia y la crueldad extremas son mi pan cotidiano y vivo en medio de un conflicto bélico sin esperanza de victoria. A ello se suma la visión agravada del hambre y la miseria en México y el mundo. A todo aquello en lo que no dejo de pensar, añado la angustia de quienes se quedan sin trabajo y de los jóvenes que no encuentran el sitio para el que fueron preparados.”
Llega después a decir:
“Zorrilla es un autor de España y México, y me da la ocasión de cerrar este agradecimiento con un llamado a la justicia. Sobre los poetas de su época, excepto Bécquer y Rosalía de Castro, ha caído un velo que impide leerlos. Lo mismo ocurrió durante dos siglos con Góngora y Sor Juana, hasta que hace 100 años un movimiento al que no fueron ajenos dos mexicanos de España, Amado Nervo y Alfonso Reyes, destruyó los prejuicios y les dio el altísimo sitio que merecen.
Uno no descubre la poesía con Rimbaud ni con Mallarmé, sino con Zorrilla, Juan de Dios Peza y Campoamor. El poeta más célebre de la lengua, aquel que saben de memoria hasta quienes nunca han leído versos, no pertenece a Lope ni a Quevedo sino al que escribió las Doloras y Humoradas:
En este mundo traidor
Nada es verdad ni es mentira,
Todo es según el color
Del cristal con que se mira.”

lo que pasó
http://www.jornada.unam.mx/2009/11/18/index.php?section=cultura&article=a03n1cul
los poemas:
http://www.jornada.unam.mx/2009/11/18/index.php?section=cultura&article=a04n1cul
lo que se dijo:
http://www.jornada.unam.mx/2009/11/18/index.php?section=cultura&article=a04n2cul

College Park, Maryland
Esas frondas también dicen adiós.
Las estremece un viento que llega ileso
Desde el pasado en este mismo instante.
Ver la luz
¿Qué se verá originalmente en el útero?
Acaso nada resulte claro.
Somos como otros peces que han nacido del agua,
Totalidad de su visión.
Para hablar del nacer decimos siempre:
“Vio la luz” o bien: “abrió los ojos”.
Somos sujeto y objeto
De esa luz que dibuja la realidad
Y nos obliga a inventarla.
Y por ello al final todo se apaga.
Entre la sombra sólo queda espacio
Para los cirios funerales:
Última luz que siempre abre camino
A las tinieblas del origen.
Hubiera dicho el trovador, "pá qué más profundidad..."
Los días de noviembre corren rápido. Así lo demuestra el paso del cine, como agua, por los terrenos de la Cineteca. O la ida y vuelta y abrazo, del homenaje al poeta de setenta años, que se sacó, por fin, la foto en Madrid, que no pudo pagar, por falta de recursos, en un viaje anterior. El mismo poeta que garabateó una dedicatoria al amigo del nombre compuesto apenas en junio, en la ezposición efímera en la libería Rosario Castellanos, el viejo cine Lido, en la vieja Condesa.
Toma Uno.
El manuscrito, la pieza original que constituye esta armadura, de imágenes y gusto fue el primer elemento que, de atrás para adelante , y según yo, ilumina el camino de la memoria, hasta hoy:
El 7 de mayo de 2009, un jurado conformado por personalidades de diversos ámbitos culturales decidió concederle el XVIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana a José Emilio Pacheco. Fruto de este galardón, que se ha entregado en Madrid el 17 de noviembre de 2009 de manos de S.M. la Reina, Ediciones Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional han editado esta cuidada antología: Contraelegía. Pacheco es el mejor poeta mexicano vivo, y su obra, como la de sus compatriotas Alfonso Reyes y Octavio Paz, como la de Jorge Luis Borges, constituye por sí misma una literatura. En Contraelegía, con selección, edición de textos y estudio introductorio de la profesora de la Universidad de Salamanca Francisca Noguerol, se intenta ahondar en las múltiples vertientes de este autor clásico, despojado de falsos énfasis y pintoresquismos, al que le cabe el privilegio de haber sido calificado con adjetivos tan contradictorios como certeros ?culturalista, imaginista, coloquial, neosimbolista, minimalista- por su concepción de la literatura como arte total. Esta edición incluye inéditos y manuscritos que demuestran cómo elabora sus textos.




















